El calor asfixiante que aparca en las aceras,
lentamente transcurre camino de la lluvia.
Va dejando a su paso calcinados recuerdos,
polvorientos mensajes del pasado,
resecados parterres de flores oxidadas
y un pecio que conforma nuestra vida de ayer.
Paso lista a la ausencia.
Dolorosas ausencias barrocamente idas
a engrosar la fila de los muertos. Alineados
cadáveres reunidos para el marcial desfile
hacia esa nueva tierra, de imposible regreso.
También aquellas voces conque el amor me hablara
se quedaron detrás de las columnas,
escondidas de mí,
en ardientes veranos de divagar perpetuo.
Sólo queda el calor. Aterralado tiempo
de sequedad. Tiempo de no pensar en describir
el tiempo que, una vez, dicen que estuvo,
cuando el mar era el mar y los castillos
albergaran princesas y dragones.
(del libro Condición de náufrago)
