Fue de papel, y en el estanque
de los juegos y los peces de colores
flotó por un momento.
Movido por mi mano,
velamen infantil desprovisto de intención
siquiera de dominio,
quise guiarle, indemne, a la segura costa,
al socaire del viento y de la muerte.
Se deshizo sin más. Apenas tuve tiempo
de rezar un responso ante tal desventura.
Naufragó junto al pez de colores difusos,
bajo el agua enjaulada de la fuente,
sobre el verdín que el tiempo puso allí,
borrando sin remedio tu rostro inscrito en él.
(del poemario Condición de náufrago)
