El calor asfixiante que aparca en las aceras,
lentamente transcurre camino de la lluvia.
Va dejando a su paso calcinados recuerdos,
polvorientos mensajes del pasado,
resecados parterres de flores oxidadas
y un pecio que conforma nuestra vida de ayer.
Paso lista a la ausencia.
Dolorosas ausencias barrocamente idas
a engrosar la fila de los muertos. Alineados
cadáveres reunidos para el marcial desfile
hacia esa nueva tierra, de imposible regreso.
También aquellas voces conque el amor me hablara
se quedaron detrás de las columnas,
escondidas de mí,
en ardientes veranos de divagar perpetuo.
Sólo queda el calor. Aterralado tiempo
de sequedad. Tiempo de no pensar en describir
el tiempo que, una vez, dicen que estuvo,
cuando el mar era el mar y los castillos
albergaran princesas y dragones.
(del libro Condición de náufrago)

6 comentarios:
Buenas tardes, Carlos.
Ya ni recordaba la gracia de tus versos, magistrales los leídos, ya quisiera yo...por qué vosotros los poetas, siempre despertáis en mí, una pizca de sana envidia
Un abrazo
Gracias por pasarte, Tyrma.
Un abrazo
Si alguna vez…algún día…soy una naufraga de la vida, de mis errores, de tantas cosas…, no me importaría arribar a esa orilla a los pies de la Mujer Muerta-como Ulises- y encontrarme con tanta belleza para los ojos y el espíritu. Seguro que soportaría la lista cada vez más grande de las ausencias, sobrellevaría el silencio de tantas voces queridas y hasta soportaría el calor de los veranos cada vez más cálidos, sin embargo, algunos no tenemos ni siquiera eso.
Enternecedor poema.
Saludos afectuosos Carlos.
Gracias, Carol, por tu magnífico y poético comentario.
Un beso
Es inevitable, don Carlos, seguir aprendiendo con tus letras y tu maestría suprema en poner alas a las palabras, pintarlas de sentimientos y echarlas a volar.
Fuerte el abrazo de este humilde poeta de las tierras extremeñas.
Gracias, Raúl, por tu generoso comentario.
Un fuerte abrazo.
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