Estaba con el tiempo de desnudar cerezos,
de volver la cabeza y mirar para atrás,
de contemplar distancias que marcan lo absoluto,
distinto amanecer, cóncavas calles
transidas de mis pasos,
apenas incluidos en el bloc del recuerdo,
y aceras que albergaron batallas sin librarse,
eran leves las sombras
que pintaban de oscuro la valla del jardín
y era mi tiempo aquel que saludaba,
con abierta sonrisa,
el desfile marcial de las cigüeñas,
y el color de la tarde dejaba su mirar
sobre mi frente, vacía de oquedales,
el sol iluminaba las fachadas del pueblo,
(que quiso ser el mar)
mientras allá a lo lejos cantaban otras voces
y corría mi perro al zaguán de la casa
para decirme adiós desde la cosas
perdidas para siempre.
(sueños o realidad, me da lo mismo)
(del poemario Las horas descontadas)