
Insensible a la luz que en cielo agoniza,
cubiertos los cabellos de lágrimas distintas
a lágrimas que viven en el fondo del iris,
sin cesar de buscar entre la densa niebla
que invadiera paisajes, anclado sin remedio
en el bies de las cosas alguna vez conclusas, así
como las noches que bordean los sueños
se arriesgan a la nada sin temor a eclipsarse,
así consiento dejar de ser quien fui
en la creencia de saberme en el camino,
(exacto parecer que se desploma
sobre ala azul de muerte recostada)
y fueron esos labios de lenguas extranjeras
e impostor deslizarse
que anunciaron, sofistas, ocurrencias de falso
porvenir, mientras la noche, perdida de alumbrar
por el astro en declive, desarmaba el espacio,
cerrando mis sentidos al recuerdo,
y contemplé al mirar desde la altura,
resguardo impertinente de tiempos ateridos,
figuras que no son ni se parecen a figuras de ayer,
extrañas voces y extrañas vestimentas
venidas de lo lejos, expatriadas aquí, entre la lluvia.
