
Se nos hizo tarde. Dejamos escapar de entre nosotros
el hálito efímero de sabernos vivos. Se nos hizo
muy tarde para cortar las flores que encendiesen
hogueras al sol de los veranos.
Es muy tarde. Se cumplió aquel presagio
que pregonaba invierno en los feraces campos del Edén.
Perdido de soñar, el pensamiento cercenaba las manos
que olvidaron amor junto al sendero de las tribulaciones.
¿Dónde ese decir? ¿Dónde aquella voz
que albergara en su sonido exactas primaveras?
¿Dónde la luz que la mirada cierra?
Se nos hizo muy tarde para apartar la muerte de nosotros,
pobres sombras de ángeles conclusos. Dejamos
desprenderse la mineral corteza del dios de las tinieblas
y alzamos los postigos al reino de la desesperación.
