
Y qué de nuestros nombres
si quedó a la aventura nuestra historia.
Fuimos apenas zoca de ramaje invisible,
apenas una luz
hurtando a la tiniebla su poder absoluto,
apenas un paisaje afincado de ausencia,
apenas el instante que discurrió un suspiro,
apenas el adiós que nos dimos ayer sin importarnos.
Y qué de nuestros nombres
si transitó el silencio sobre ajadas paredes
en cuartos hoy baldíos de voces extranjeras.
Exhortamos perder
la propia esencia de sernos de aquel modo,
mientras nuevas usanzas
se adueñaban sin más de nuestros sueños,
rotos al descubrir cómo navegan,
sin control ni albedrío,
el mucho desamor y tanta muerte.
