
Se destapan las sombras
sobre el viejo algarrobo que enseñorea el huerto.
Apenas son las siete de un otoño tardío.
Mira hacia la distancia
y solamente el tiempo se deja perdonar.
Divaga mi memoria,
puede que entretenida en quehaceres diversos.
Entre los cortinajes
atisbo a las cigüeñas del viejo campanario
abandonando el nido.
Han de evitar al frío, que amenaza agredirlas
y congelar sus alas.
Debajo del umbral
y helado por la escarcha,
me parpadea, leve,
el farol que subsiste a muchas estaciones.
El vaho de mi aliento en el cristal
dibuja calendarios de impreciso contorno.
Nuestro difuso mundo se diluye en la niebla,
mientras yo me columpio sobre el recuerdo inmóvil
de evadidos ayeres...
(las caras que se fueron enrevesan ausencias y desentierran llanto)

4 comentarios:
Vaya, qué alegría encontrar al maestro de la metáfora, al incansable soñador y pescador, en aguas dulces, de ilusiones no fugadas.
Tus poemas, cada uno de ellos, una historia, una reflexión y sobre todo una gran enseñanza.
He gozado nuevamente de tus letras querido Carlos.
Recibe mi abrazo, va cargado de cariño.
Precioso poema, Carlos.
Cada uno de tus versos es una pequeña joya poética.
Te dejo un abrazo
Ana
Gracias, Blanc, preciosa, por arrimarte a mi blog. Tengo ahora tu dirección y pienso devolverte la visita a la mayor brevedad.
Un beso grande
Carlos
Gracias, Ana por tu consideración haia mí y mis letras.
Un beso
Carlos
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