
He de dejar al viento del oeste levantar a la aurora,
para encontrar a Dios entre las flores
antes de que confundan sus órbitas los astros,
antes de que el salterio
se torne peregrino de paisajes distintos
y deje a las mañanas anegadas de lluvia
en tono gris-oscuro,
antes de que las cigüeñas se atrevan a volar
y desocupen el nido de la torre,
antes de que la noche borre los mil colores
que cubren la montaña
y obligue
a que la mar se ausente de palabras.

2 comentarios:
Sensacional poema, Carlos, como todo lo que escribes.
Un abrazo grande
Ana
Gracias, Ana, por venir.
Un beso
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