
Desiertas las aceras de cualquier concurrencia.
Sin pasión que compita con nuevas pretensiones.
En arbitrario turno
los nuevos desperfectos
sufragan las palabras de marrón y de gris
mientras disfrazan la efímera verdad apenas dicha
(y menos publicada)
y ahuyentan a las sombras el recuerdo
de exactitud confusa.
Sin decidir caminos que lleven al absurdo
contribuyo a ensanchar el desconcierto que mi empeño
por ser quien nunca fui genera. Son matices distintos:
espléndidos colores embusteros y vacuos.
Colecciono oraciones, rosarios
y otros medios de taparme los ojos para no ver la nada,
y simulo creer en lo que nunca vimos
(como manda Ripalda)
y me miento despacio.

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