
y se dejaron caer en el viento que azota
las ramas del castaño, mientras pájaros huérfanos de luz de amanecida
dejaron de trinar para enclaustrase en el portal vecino.
Mientras tanto,
la lluvia que manchaba tejados y resbalaba calles,
dócilmente escurría las ramas al desnudo.
Descubrí la tristeza en la sombra
alongada del viejo violinista y abrigué junto a mí
olvidadas escenas de perdidos combates.
Y todo fue distinto. Ni siquiera la Dama que preside el olvido,
se digno darme curso o razón de tus pasos.
Continúo vagando
por caminos cerrados. Por viejos cementerios

2 comentarios:
Belleza plena en tu poema.
Un beso
Ana
Gracias, Ana, por tu presencia y tu comentario
Un beso
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