
Y qué de nuestros nombres
si quedó a la aventura nuestra historia.
Fuimos apenas zoca de ramaje invisible,
apenas una luz
hurtando a la tiniebla su poder absoluto,
apenas un paisaje afincado de ausencia,
apenas el instante que discurrió un suspiro,
apenas el adiós que nos dimos ayer sin importarnos.
Y qué de nuestros nombres
si transitó el silencio sobre ajadas paredes
en cuartos hoy baldíos de voces extranjeras.
Exhortamos perder
la propia esencia de sernos de aquel modo,
mientras nuevas usanzas
se adueñaban sin más de nuestros sueños,
rotos al descubrir cómo navegan,
sin control ni albedrío,
el mucho desamor y tanta muerte.

6 comentarios:
Un poema muy triste, pero precioso, Carlos.
Un poema para leer despacio y reflexionar. Amores y desamores que conforman la existencia y la llenan de recuerdos.
Un abrazo
Ana
Así es, Ana. Pero debes hacer abstracción de las personas y situar el poema en la generalidad de la vida, y verás que esos amores son algo más que un simple amor terrestre, puede que el camino obligatorio del ser humano.
Gracias por venir, preciosa.
Un besazo
Navegando me he reencontrado contigo Carlos. Una alegre sorpresa.
Mis felicitaciones por este precioso poema y seguré leyéndote.
Mi blog
http://jesusapariciogonzalez.blogspot.com/
Un abrazo
Gracias, Jesús, por este reencuentro que pienso conservar. He visitado tu página y me ha encantado.
Un abrazo fuerte
Me reafirmo en que utilizas el lenguaje como Dios manda, las palabras, que parecen ya en desuso por olvidadas, las retomas y colocas a la perfeccion.
Abrazos marinos
http://www.labrujadelcerezo.blogspot.com
Gracias, Concha, por tu visita.
Un beso
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