
Me encanta recordar el tiempo que viví pisando hojas
aquellas largas tardes de sol y libertad, de agrestes campos
en duro recorrer a la carrera.
(árbol frondoso de bosques absolutos en su verdor y blanco)
Y trepaba sin ver ni más motivo que subir y subir,
y entre sus ramas descansaba mi cuerpo,
(atalaya sutil de niño encaramado)
mientras, alrededor, un vocerío, un simple descubrir
y un “tú te quedas”, ahuyentaban las horas encarnadas
de loco galopar entre las piedras.
Y después, cuando apenas descabezaba el sol
su última siesta, de regreso a la casa que, lejana,
colonizaba en luz el horizonte, discutía detalles,
(acalorados gritos)
y miraba tus trenzas bailarinas
danzar entre mis pasos, y sentía tu mano,
en pausada caricia, borrando los churretes de mi frente..................
Carlos Guerrero
(del poemario "las horas des-contadas)
