
I
Arrastra, por las aceras de la misericordia,
el peso del equipaje, lleno de ayeres,
mientras acaricia a un gato diminuto en la escalera
y reparte sonrisas, huérfanas de apego,
a los tenderos de lo imposible.
II
Desencanto: premisa ineludible
para olvidar aquellos ojos
que, a modo de centauros de la prisa,
cabalgan a lomos del jamelgo del sarcasmo,
mientras tiritan junto al fuego de lo devastado.
III
El niño arrebató la mano inerte,
que dejaba vencer su aliento sobre la sábana enmudecida,
para anegarla de amor a cambio de una nada.
II
Desencanto: premisa ineludible
para olvidar aquellos ojos
que, a modo de centauros de la prisa,
cabalgan a lomos del jamelgo del sarcasmo,
mientras tiritan junto al fuego de lo devastado.
III
El niño arrebató la mano inerte,
que dejaba vencer su aliento sobre la sábana enmudecida,
para anegarla de amor a cambio de una nada.
Carlos Guerrero
(del poemario "vivir sin más motivo")
