
Desata ya la amarra,
dejemos que nos meza la corriente
como hoja desmoronada en el arroyo.
Reclina tu cabeza aquí, en mi hombro;
desata tu vestido de lágrimas y tiempo:
es la hora del sueño entre las ramas
que apacentan estrellas,
de sombras transitadas por nuevas ilusiones,
de quimeras vivientes.
Es… la hora de los duendes,
de los trasgus jugando al esconder,
de las manos que hablan lenguajes ignorados,
de miradas que acercan el futuro perfecto.
Es la hora, amor, de presentir los besos hacia la mar abierta…
dejemos que nos meza la corriente
como hoja desmoronada en el arroyo.
Reclina tu cabeza aquí, en mi hombro;
desata tu vestido de lágrimas y tiempo:
es la hora del sueño entre las ramas
que apacentan estrellas,
de sombras transitadas por nuevas ilusiones,
de quimeras vivientes.
Es… la hora de los duendes,
de los trasgus jugando al esconder,
de las manos que hablan lenguajes ignorados,
de miradas que acercan el futuro perfecto.
Es la hora, amor, de presentir los besos hacia la mar abierta…
Carlos Guerrero
(del poemario "de espacios y de sombras")
