
Niño, al fin, sobre esta infinitud aquellos campos
bordados de trigales y racimos de uva,
-senderos polvorientos donde mi bicicleta
pedaleaba indemne por perfiles de roca-,
y allá, en la lejanía, los abiertos lugares
escarpados de viento,
(montañas absolutas
bordados de trigales y racimos de uva,
-senderos polvorientos donde mi bicicleta
pedaleaba indemne por perfiles de roca-,
y allá, en la lejanía, los abiertos lugares
escarpados de viento,
(montañas absolutas
mostraban a mi asombro su risa circunfleja)
y galopaba el alma por praderas de yerba
y jugaba mi cuerpo a disfrazarse de pájaro cantor,
libre en su vuelo
hacia infinitos rumbos de aquel quieto verano.
y galopaba el alma por praderas de yerba
y jugaba mi cuerpo a disfrazarse de pájaro cantor,
libre en su vuelo
hacia infinitos rumbos de aquel quieto verano.
Carlos Guerrero
(del poemario "las horas des-contadas")
