lunes 12 de mayo de 2008

Niño al fin


Niño, al fin, sobre esta infinitud aquellos campos
bordados de trigales y racimos de uva,
-senderos polvorientos donde mi bicicleta
pedaleaba indemne por perfiles de roca-,
y allá, en la lejanía, los abiertos lugares
escarpados de viento,

(montañas absolutas
mostraban a mi asombro su risa circunfleja)

y galopaba el alma por praderas de yerba
y jugaba mi cuerpo a disfrazarse de pájaro cantor,
libre en su vuelo
hacia infinitos rumbos de aquel quieto verano.
Carlos Guerrero
(del poemario "las horas des-contadas")

2 comentarios:

Ana Muela Sopeña dijo...

Este poema es maravilloso, Carlos. La infancia es el momento de la mirada infinita, de la eternidad, del tiempo y sin tiempo y tú lo reflejas muy bien en tu poema.

Delicioso poema
Un abrazo
Ana

carlos guerrero dijo...

Gracias, Ana, por este comentario tan favorable, y por visitar mi blog.
Un beso