
Niño, al fin, sobre esta infinitud aquellos campos
bordados de trigales y racimos de uva,
-senderos polvorientos donde mi bicicleta
pedaleaba indemne por perfiles de roca-,
y allá, en la lejanía, los abiertos lugares
escarpados de viento,
(montañas absolutas
bordados de trigales y racimos de uva,
-senderos polvorientos donde mi bicicleta
pedaleaba indemne por perfiles de roca-,
y allá, en la lejanía, los abiertos lugares
escarpados de viento,
(montañas absolutas
mostraban a mi asombro su risa circunfleja)
y galopaba el alma por praderas de yerba
y jugaba mi cuerpo a disfrazarse de pájaro cantor,
libre en su vuelo
hacia infinitos rumbos de aquel quieto verano.
y galopaba el alma por praderas de yerba
y jugaba mi cuerpo a disfrazarse de pájaro cantor,
libre en su vuelo
hacia infinitos rumbos de aquel quieto verano.
Carlos Guerrero
(del poemario "las horas des-contadas")

2 comentarios:
Este poema es maravilloso, Carlos. La infancia es el momento de la mirada infinita, de la eternidad, del tiempo y sin tiempo y tú lo reflejas muy bien en tu poema.
Delicioso poema
Un abrazo
Ana
Gracias, Ana, por este comentario tan favorable, y por visitar mi blog.
Un beso
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