
Mis ojos parpadean en mitad de la noche
y buscan entre oscuros la luz que los oriente.
Sí miro en el espejo
que, indolente, se arrastra en la pared,
veo bajar su imagen,
y desde el fondo,
con lenta parsimonia para no desvelarme,
el conocido golfo salmodia letanías:
por los días fugados,
por las cosas no hechas,
por los amores rotos,
por los muertos vivientes que hallaré al levantarme…
Después, entre el jolgorio que siempre le acompaña,
enciende un cigarrillo,
permite que el sahumerio
se eleve hasta el plafón que nunca enciendo,
y me cuenta la historia de aquel que ya no está:
“Por la vieja estación,
camino abajo del puente de la Almina,
cuando las horas magas se juntan con los duendes
para peinar al viento,
sobre los matorrales
que ocultan el acceso al patio de los sueños,
corretea la imagen desprovista de un niño del pasado…”
Carlos Guerrero
(del poemario "de espacios y de sombras")

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