
Desierta está la mar de luminarias. Siquiera
una farola señala posición de costa o puerto.
Por levante, la luna, desteñida del rojo carmesí
que pintaron las nubes, azota el horizonte
y se declama por horas de silencio
tachonado de estrellas, mientras las amapolas
se funden con la playa, oculta por la bruma.
Dejo flotar, inane, la memoria. Enciendo
un cigarrillo al socaire del viento
(que acompaña de soledad la tarde)
y encamino mi rumbo hacia la costanera. Está la arena
sucia, con brozas y con cañas traídas por las olas
de hace apenas tres días. Hacia la sierra, el humo,
mezclado con mil luces, señala los lugares habitados
por alienantes rostros de cristal y ladrillo. Frente a mí
la negrura, que tapa los pecados aún por cometer,
cubre el espacio e inunda con su paz
a ese niño que, entre sueños adultos,
dejó escapar de su mano la cometa.
una farola señala posición de costa o puerto.
Por levante, la luna, desteñida del rojo carmesí
que pintaron las nubes, azota el horizonte
y se declama por horas de silencio
tachonado de estrellas, mientras las amapolas
se funden con la playa, oculta por la bruma.
Dejo flotar, inane, la memoria. Enciendo
un cigarrillo al socaire del viento
(que acompaña de soledad la tarde)
y encamino mi rumbo hacia la costanera. Está la arena
sucia, con brozas y con cañas traídas por las olas
de hace apenas tres días. Hacia la sierra, el humo,
mezclado con mil luces, señala los lugares habitados
por alienantes rostros de cristal y ladrillo. Frente a mí
la negrura, que tapa los pecados aún por cometer,
cubre el espacio e inunda con su paz
a ese niño que, entre sueños adultos,
dejó escapar de su mano la cometa.
Carlos Guerrero
(del poemario "espacios y sombras")

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