
¿Qué algoritmo, que extraño acontecer
controlaba tu fuga
en torno al más allá de la palabra
y al inexacto camino de mi voz,
perdida de encontrarse?
¿Qué mar, que río, comprendiera aquel
tu des-soñar cuando inició la ruta
que custodian los sauces,
hasta encontrar la puerta de mi sexo,
-penumbra en el sentir-
que inquiría, impaciente,
a tu sexo dormido?
¿Qué sucedió, si apenas enfrentamos
nuestros ojos, si apenas discutimos
en dirección contraria?
Dejamos marchitarse las vivencias
que juntos apilamos
cuando aparté las dunas en busca
de aquel lobo que arrebató tu traje
de princesa, mientras viejos lagartos
sustraían el sol a los coyotes,
Hoy, tras el verano ido, recojo
caracolas perdidas en la arena,
que enseña su humedad de los levantes,
y espero que la lluvia
nos retorne a las lágrimas.






