viernes 5 de febrero de 2010

Pregunta


¿Qué algoritmo, que extraño acontecer
controlaba tu fuga
en torno al más allá de la palabra
y al inexacto camino de mi voz,
perdida de encontrarse?

¿Qué mar, que río, comprendiera aquel
tu des-soñar cuando inició la ruta
que custodian los sauces,
hasta encontrar la puerta de mi sexo,
-penumbra en el sentir-
que inquiría, impaciente,
a tu sexo dormido?

¿Qué sucedió, si apenas enfrentamos
nuestros ojos, si apenas discutimos
en dirección contraria?

Dejamos marchitarse las vivencias
que juntos apilamos
cuando aparté las dunas en busca
de aquel lobo que arrebató tu traje
de princesa, mientras viejos lagartos
sustraían el sol a los coyotes,

Hoy, tras el verano ido, recojo
caracolas perdidas en la arena,
que enseña su humedad de los levantes,
y espero que la lluvia
nos retorne a las lágrimas.

jueves 4 de febrero de 2010

Estoy aquí de nuevo

Estoy aquí otra vez, al borde de la senda
que abandonara un día para entrar en tu mundo.

Era tu mundo aquel donde la tarde muere
de forma involuntaria,
y el curso del amor se desbarata
por el miedo a querer y transigirse.

Un mundo donde el sexo se concreta en la nada
y el mar, que siempre cuenta leyendas
de naufragios, enmudece, y la lluvia
transfiere a sus orillas olor a barro sucio.

Puede que te dijeran
que los dioses te hicieron a su imagen,
incluso más perfecta,
pero olvidaron pintar la luz en tu sonrisa,
permitiendo a tus ojos barrancos en conflicto,
mientras decías el verbo consentir
en primera persona.

Tampoco tu intención
fue perdonarme la humanidad que muestro
sin reservas, a salvo
de silencios y falsas conclusiones. Yo soy así,
no vengo de estirpes coronadas ni nombres
que anduvieran por viejos diccionarios.

Y es por eso que he vuelto al borde del camino
que un día abandoné sin mi permiso.

viernes 22 de enero de 2010

Insensible a la luz


Insensible a la luz que en cielo agoniza,
cubiertos los cabellos de lágrimas distintas
a lágrimas que viven en el fondo del iris,
sin cesar de buscar entre la densa niebla
que invadiera paisajes, anclado sin remedio
en el bies de las cosas alguna vez conclusas, así
como las noches que bordean los sueños
se arriesgan a la nada sin temor a eclipsarse,
así consiento dejar de ser quien fui
en la creencia de saberme en el camino,

(exacto parecer que se desploma
sobre ala azul de muerte recostada)

y fueron esos labios de lenguas extranjeras
e impostor deslizarse
que anunciaron, sofistas, ocurrencias de falso
porvenir, mientras la noche, perdida de alumbrar
por el astro en declive, desarmaba el espacio,
cerrando mis sentidos al recuerdo,

y contemplé al mirar desde la altura,
resguardo impertinente de tiempos ateridos,
figuras que no son ni se parecen a figuras de ayer,
extrañas voces y extrañas vestimentas
venidas de lo lejos, expatriadas aquí, entre la lluvia.

martes 19 de enero de 2010

Se nos hizo tarde


Se nos hizo tarde. Dejamos escapar de entre nosotros
el hálito efímero de sabernos vivos. Se nos hizo
muy tarde para cortar las flores que encendiesen
hogueras al sol de los veranos.

Es muy tarde. Se cumplió aquel presagio
que pregonaba invierno en los feraces campos del Edén.

Perdido de soñar, el pensamiento cercenaba las manos
que olvidaron amor junto al sendero de las tribulaciones.

¿Dónde ese decir? ¿Dónde aquella voz
que albergara en su sonido exactas primaveras?
¿Dónde la luz que la mirada cierra?

Se nos hizo muy tarde para apartar la muerte de nosotros,
pobres sombras de ángeles conclusos. Dejamos
desprenderse la mineral corteza del dios de las tinieblas
y alzamos los postigos al reino de la desesperación.

sábado 9 de enero de 2010

En desabrida tarde


En desabrida tarde de camposanto y flores
cesaban de fluir las primaveras que alborozan los años
con el tierno desfilar de las cigüeñas.

Dejaron que el invierno de noches repentinas
y fríos absolutos cercara los parajes
que una vez recorrimos sin pausar horizontes
ni detener al curso del cantar.

(desatendimos tiempos con perfume a nosotros)

Marchitaban de olvido amores concertados
cuando cayó la luna sobre el hondo del mar
en negro y plata, mientras el viento gris,
venido de la noche que fagotiza estrellas,
invadía sin tregua los espacios guardados
al soñar y consternaba aquel mirar perdido
en el espacio-niño que una vez existiera.

viernes 8 de enero de 2010

Desangrado de dar


Desangrado de dar,

en la ignorancia de saber si esas esquinas
que devoran mendigos
perseveran ocultas al puto involucrar de horas dispares,

blandiendo mi disfraz de buen muchacho
para solaz en carne de unos pocos,

sin cesar de buscarme en los espejos que confunden caminos,

dispuesto a transferir del absoluto su exacto enumerar de años y olvidos,

me engancho sin querer al balanceo que provocan
las sombras, mientras fuerzo a mi mente,
perdida en laberintos que a nada contribuyen,
a descoser efigies que tu tiempo depositó en mi tiempo.

lunes 4 de enero de 2010

Tránsito


I

Mientras duermo la ausencia
echo a volar antiguos horizontes
alejados del lapso que una voz determina.

Apagados refugios de un soñar siempre a oscuras,
intentando encontrar, entre fisgones rostros,
aquella cara amiga que sepa comprender
por qué me enoja persistirme vivo
en medio de un enjambre de viejas cornucopias
ocupando la calle central del camposanto.

Y me pregunto ahora, cabal en la jornada
que hasta Dios considera,
si acaso no he debido desprenderme
del soñar sin reservas, para nacer de nuevo
y remediar las noches de negra oscuridad.

II

Hoy pude regresar de entre los muertos,

sin censurar mi voz en los espacios,
sin vanas aflicciones que despierten congojas,
sin tonos lastimeros que provoquen naufragios,
sin encumbrar las frases de mínima importancia,
sin caprichos ociosos que ocultar,
sin dejar de ser carne,
sin siquiera volver sobre mis pasos idos.

(recolecto palabras de otros labios ajenos a mi nombre)

Hoy pude regresar de entre los muertos,

para colmar de luz los nuevos almanaques,
para sentir tu mano atrapada en la mia,
para crear distancias que marquen lo absoluto,
para toparme al sol enredado en los sueños,
para dictar sin pausa tu nombre a los espejos,
para encender el día que apagará la noche,
para darle a la sombra su exacta oscuridad.

(apenas me despierto, bojeo con tu imagen)

Yo pude regresar de entre los muertos.

No creo necesarias las palabras


No creo necesarias las palabras que impliquen un decir
sin más motivo que llenar los espacios de silencio.

Alumbran la distancia hachones de un cortejo
desvencijado y triste de sombras que, incoloras,
desfilan lentamente sobre temas arcaicos,
de vacuo contenido, mientras falsos concilios,
fraguados con patrañas de nuevo alumbramiento,
insisten sobre bardas de inviernos engañosos.

Al cabo de las horas de infecundo correr,
para intentar en vano hacer del agua vino
y sol de los diluvios, colijo que la aurora,
sin duda pesarosa de alumbrar las mañanas
venidas de esos légamos, decide por su cuenta
partir hacia otros mundos donde la fantasía
reine sin silogismos que aniquilen la Voz
(que clama sin cesar por ser quien era)